

Hasta el año 1982, yo era una persona muy escéptica de los fenómenos paranormales, hasta que me ocurrió algo que hizo cambiar mi forma de pensar.
Me había acostado cerca de las 23 horas, el día no recuerdo, pero desperté abruptamente cerca de las 3 de la mañana. Me sentí observado por alguien, abrí sobresaltado los ojos y ví a mi lado a mi inolvidable hermana Anita María. No lo podía creer, pero ahí estaba, vestida de blanco y con una amplia sonrisa, con una pasividad increíble, un perfume exquisito, pero nada de común, algo de otro mundo. Me bendijo con sus manos...no me dijo nada, sólo me miraba y seguía sonriendo... parecía una virgen. No me convencía de lo que estaba pasando, entonces cometí un error del cual aún me arrepiento...cerré los ojos por menos de un segundo y los volví a abrir...con mucha tristeza verifiqué que se había marchado, tal cual había llegado...de la nada.
No pude seguir durmiendo, por mas que lo intentaba, su recuerdo me perseguía y jamás se me quitó de mi mente.
Me levanté muy temprano y tuve recuerdos muy hermosos de juventud.
Recordé que junto a sus compañeras jugábamos a la "huija", tomados de las manos y con mucho temor comenzábamos a llamar los espíritus, y una vez conectados con uno de ellos, le hacíamos preguntas las que respondía por intermedio de un vaso el que se desplazaba a las letras del abecedario, según fuese la pregunta.
¡¡Dicen que ese juego es fatal!! y parecen estar en lo cierto.
Desde aquel día, el último que te ví, cada vez que se me presentaba algún problema, te pedía a ti que me ayudaras a resolverlo...y siempre lo hiciste.
Sé que en el lugar que estés, aquel que Dios tenía predestinado para ti, seguirás acordándote de tu hermano; ayudándolo y cuidándolo por el resto de su vida, porque fuiste una mujer buena, sana, de buen corazón y sentimental.
¡¡Fuiste una santa!! ...y eres mi ángel guardián.
¡¡Gracias hermanita!!
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