Al dia siguiente nos dirigimos a cotizar precios, buscar unas maquinarias indispensables para la fabricación del producto, implementos carísimos y poco prácticos por lo que desistimos de su compra.
Nos dirigimos a una maestranza y llegamos a un acuerdo con su propietario, el que nos solicitó un anticipo de $ 1.000.000 lo cual hicimos. Una vez terminada la confección, otro $ 1.000.000, y el resto a 30 dias, en total, $ 3.000.000.
Una vez terminadas las maquinarias y ya cancelada la segunda parte nos dispusimos a ubicar un ingeniero de alimentos, personaje que nos dió varios meses para su cancelación. Una excelente persona.
La industria, para abaratar costos, fue montada y con muy buen ojo, en una gran y hermosa casa la cual yo arrendaba. En un principio no le pareció muy buena la idea de hacer la instalación en dicho lugar, pero luego accedió.
- Viste la cara que puso cuando le insinué que el montaje debía hacerse en mi casa? le comenté a mi mujer.
- Sí, me dijo, parece que no le gustó la idea.
- Sí, le respondí, pero yo también debo asegurarme porque podría pasar cualquier cosa.....y no estaba equivocado.
Ya estaba todo listo, todo dispuesto para elaborar nuestro producto, sólo faltaba el vamos, pero aún no se resolvía nada sobre nuestro contrato. Cada vez que le insinuaba algo, me respondía que tenía que conversar con su abogado para que las cosas quedaran claras y legales.
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