
Estuve haciendo un estudio de mercado. Qué faltaba por hacer ya que el dinero se estaba terminando. Pensaba, pensaba .......y seguía pensando, analizaba cada frase, cada palabra dicha por mis amigos colombianos. Hice muchas consultas sobre lo que debía hacer, pero ninguna me satisfacía; hasta que surgió lo inimaginable y que a nadie se le había ocurrido.
Cúcuta es una hermosa ciudad moderna y colombiana, queda exactamente a 15 minutos de San Antonio del Táchira, ciudad venezolana, es decir, ubicada en plena frontera.
Lo que me parecía sumamente extraño, era que para comprar un "carro" el cucuteño lo compraba en San Antonio. Es decir, era carro venezolano puesto que eran mucho mas barato que el carro colombiano. Claro que el vehículo servía solamente para movilizarce dentro de la frontera, no podía circular al interior de cada país, salvo que tuviese un permiso especial y por muy pocos días.
La diferencia era que al comprar en Venezuela, era un 400% mas barato que en Colombia, pero con placa venezolana.
Sólo lo pensé.....y lo hice.
Lo primero que hice fue ubicar una oficina compartida y que tuviera teléfono.
Una vez cerrado el negocio y llegar al acuerdo de cancelar todos los gastos originados por el arriendo de una pequeña oficina, me dispuse a planificar cómo lo haría.
El primer paso era publicar en el diario La Opinión algunos vehículos de los que no disponía y que se encontrarían en consignación. Al llamar algunos futuros compradores les daría un precio bastante alto con el propósito de no interesarlos, de esa forma daría a conocer mi oficina, que era por el momento lo que me interesaba. Si notaba demasiado interés, les diría que el carro lo acababa de vender, así que lo sentía.
Comenzaron los llamados a primera hora y al ver los precios caros, encontraron que sabía vender a buen precio.
-Mire señor, resulta que Ud. vende a buenos precios, y la verdad es que yo tengo un carro que me gustaría me lo vendiera.
Era justo lo que necesitaba, publicitar mi oficina.
-Deme su nombre, dirección y teléfono para ir a verlo.
Una vez que cumplía con lo solicitado por mi, me dirigía a ver el vehículo y conocer al cliente además de ponerle el precio, como también conversar sobre la comisión que debería cancelarme una vez vendido. El vehículo debía permanecer en la casa del propietario para ser visto por algún interesado. Se le explicaba al cliente que mi oficina era solamente para efectuar el contacto y que al momento de la transacción en notaría me debían cancelar la comisión, por ambos lados. Esto es, vendedor y comprador.
Fué un impacto, llegué a tener en un momento 120 vehículos anotados para su venta en mi agenda. Un extraordinario éxito.
Cúcuta es una hermosa ciudad moderna y colombiana, queda exactamente a 15 minutos de San Antonio del Táchira, ciudad venezolana, es decir, ubicada en plena frontera.
Lo que me parecía sumamente extraño, era que para comprar un "carro" el cucuteño lo compraba en San Antonio. Es decir, era carro venezolano puesto que eran mucho mas barato que el carro colombiano. Claro que el vehículo servía solamente para movilizarce dentro de la frontera, no podía circular al interior de cada país, salvo que tuviese un permiso especial y por muy pocos días.
La diferencia era que al comprar en Venezuela, era un 400% mas barato que en Colombia, pero con placa venezolana.
Sólo lo pensé.....y lo hice.
Lo primero que hice fue ubicar una oficina compartida y que tuviera teléfono.
Una vez cerrado el negocio y llegar al acuerdo de cancelar todos los gastos originados por el arriendo de una pequeña oficina, me dispuse a planificar cómo lo haría.
El primer paso era publicar en el diario La Opinión algunos vehículos de los que no disponía y que se encontrarían en consignación. Al llamar algunos futuros compradores les daría un precio bastante alto con el propósito de no interesarlos, de esa forma daría a conocer mi oficina, que era por el momento lo que me interesaba. Si notaba demasiado interés, les diría que el carro lo acababa de vender, así que lo sentía.
Comenzaron los llamados a primera hora y al ver los precios caros, encontraron que sabía vender a buen precio.
-Mire señor, resulta que Ud. vende a buenos precios, y la verdad es que yo tengo un carro que me gustaría me lo vendiera.
Era justo lo que necesitaba, publicitar mi oficina.
-Deme su nombre, dirección y teléfono para ir a verlo.
Una vez que cumplía con lo solicitado por mi, me dirigía a ver el vehículo y conocer al cliente además de ponerle el precio, como también conversar sobre la comisión que debería cancelarme una vez vendido. El vehículo debía permanecer en la casa del propietario para ser visto por algún interesado. Se le explicaba al cliente que mi oficina era solamente para efectuar el contacto y que al momento de la transacción en notaría me debían cancelar la comisión, por ambos lados. Esto es, vendedor y comprador.
Fué un impacto, llegué a tener en un momento 120 vehículos anotados para su venta en mi agenda. Un extraordinario éxito.
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