
Continuamos asistiendo a la misma iglesia, porque pese a lo grotesco de sus sermones, es cierto que el curita estaba muy bien informado y sabía lo que decía. Las palabras fluían de su boca de una forma natural, no eran palabras rebuscadas, sino los pensamientos de un hombre al que no podían engañar. Claro que de sacerdote, nada tenía, porque hasta la voz era bastante varonil, espero que aún continúe como párroco.
Otro domingo asistimos a sus famosos "sermones", y de pronto comenzamos a darnos cuenta que su voz varonil, poco a poco se iba diluyendo, pero pensamos que era una una falla en los parlantes o de volumen. Poco a poco fallaban los parlantes, hasta que nos costaba escuchar. Llegó el momento que ya no se escuchaba absolutamente nada. Fue ahí cuando el curita se percató que algo no funcionaba bien, se dirigió hacia un parroquiano y le habló algo al oído. El siguió con su charla que apenas escuchábamos. Al poco rato apareció el muchacho a quien le había hecho el encargo de ver el equipo y el que le dijo algo al oído.
El curita salió despavorido y al poco rato volvió enloquecido.
Y gritó a viva voz:
-Estos hijos de puta me robaron los parlantes, gracias por haber asistido.
Otro domingo asistimos a sus famosos "sermones", y de pronto comenzamos a darnos cuenta que su voz varonil, poco a poco se iba diluyendo, pero pensamos que era una una falla en los parlantes o de volumen. Poco a poco fallaban los parlantes, hasta que nos costaba escuchar. Llegó el momento que ya no se escuchaba absolutamente nada. Fue ahí cuando el curita se percató que algo no funcionaba bien, se dirigió hacia un parroquiano y le habló algo al oído. El siguió con su charla que apenas escuchábamos. Al poco rato apareció el muchacho a quien le había hecho el encargo de ver el equipo y el que le dijo algo al oído.
El curita salió despavorido y al poco rato volvió enloquecido.
Y gritó a viva voz:
-Estos hijos de puta me robaron los parlantes, gracias por haber asistido.
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