
Al día siguiente, ya en la tarde, apareció Alberto con un policía o alguien disfrazado como tal. El hecho es que conversando con el intentábamos llegar a un buen acuerdo, lo cual se logró gracias a que mi disposición era entregar las maquinarias, pero sin presiones.
Alberto no hablaba una sola palabra, sólo escuchaba.
-Señor policía, comuníquele diréctamente, aunque debe haber escuchado, a este caballero que en un mes sin falta venga a retirar sus maquinarias y que deje de amenazarme porque yo entiendo, pero sin amenazas.
Luego me despedí del señor (o policía) muy cordialmente, pero de Alberto no.
Fue un mes insoportable, a pesar de mi petición de no amenazarme, a cada rato me llamaban y con mayor razón lo hacían en las noches. Para evitar malos ratos, en la noche desconectaba el teléfono, pero al otro día continuaban molestando y amenazando.
El sistema nervioso ya lo tenía sumamente alterado, pero la mente muy clara y preparada para lo que viniera mas adelante.
Mientras tanto mi preocupación era como lograr no paralizar la industria, seguir normalmente con la producción y abastecimiento de mis clientes.
Tenía claro que lo primero que debía hacer era conversar con el ingeniero de alimentos para que me indicara qué debía hacer luego de entregar las maquinarias. Luego estudiaría como financiar mis nuevos proyectos.
Me dirigí a la casa del ingeniero donde fui recibido cortésmente por el y lo primero que me dijo fue:
-Hola Bernardo, qué mas? Dile al fresco de tu socio que termine de pagarme, dijo a manera de saludo.
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