Era el 6-12-1989, recuerdo ese día con lujo de detalle ya que mi señora viajaba a Chile, segunda vez que teníamos que separarnos por pocos días. Fue cuando debía finiquitar algunos papeles de estudio para reanudarlos en Colombia.
Cerca de las 7 hrs. tenía que pasar cerca del lugar de la explosión, el DAS, para dirigirse al aeropuerto, tomar el avión y viajar a Santiago.
A las 8 hrs. prendí la tele y me enteré del ataque que había sido objeto el edificio del DEPARTAMENTO ADMINISTRATIVO DE SEGURIDAD ( DAS).
El resultado, mas de 100 muertos y sobre 600 heridos, el 70 % graves.
Como a las 8.30 el teléfono comenzó a sonar, me imaginé lo peor y sólo atiné a responder con la voz entrecortada, me imaginaba lo peor, afortunadamente era ella que me avisaba del ataque de los narcoterroristas y que había pasado en taxi un poco antes de la explosión.
Ya me había tranquilizado un poco, mis niños ya estaban en sus respectivos colegios y todo volvía a la tranquilidad.
Seguí muy atento las noticias y me enteré de que la idea del narcotráfico era eliminar al Director de apellido Maza.
Pensé como era posible que para asesinar a una persona hayan recurrido a un carro-bomba capaz de volar una manzana entera.
Mis pensamientos se separaron un poco de las imágenes dantescas y me sentí abrumado de pensar en las víctimas inocentes del atentado. Mujeres, niños y hombres cuyo resultado fue la muerte o la invalidez de por vida.
A partir de ese instante el director Maza del Das, quien salvó milagrosamente del atentado, se comprometió a encontrar a Pablo Escobar como fuese, ofreciendo recompensas por llevarlo ante el, vivo o muerto.
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