jueves, 20 de agosto de 2009

HOTEL VILLA ANTIGUA.


Ubicamos un hotel muy cercano a la frontera con Venezuela, el Hotel Villa Antigua( lo que menos tenía era de antiguo), realmente muy hermoso. Disponía de cabañas, piscina, casino, todo esto rodeado de innumerables palmeras y un servicio especializado en atención al turista.
Me dirijí al bar muy discreto y muy bien ubicado dentro del condominio. Era un bar abierto, sin puertas, sin ventanas, todo al aire libre. La temperatura se alzaba
alrededor de 40º grados ( en 8 años que estuvimos, jamás usamos chaquetas o chalecos), en todos los años que estuvimos no llovió mas de ocho veces; pero cuando ocurría lo hacía torrencialmente y nunca tuvimos que cubrirnos porque aún mojándonos, la temperatura se mantenía y nuestras vestimentas se secaban cuando terminaban los temporales.
Ya en el Bar, comencé a observar a algunos clientes tomando aguardiente de caña (anisado), mientras otros comían.
Fijé mi vista hacia un señor de edad (65 años aprox.) quien se encontraba sirviéndose un plato de tallarines en una parte muy estratégica, detrás de un pilar, donde podía dominar el local casi sin ser visto. Lo asemejé a una aspiradora de aseo. Ponía el tenedor, le pegaba una chupada que casi terminaba con el plato. Luego otro plato y otro. Pensé, este señor no morirá de hambre.
Era de contectura gruesa y no muy alto, camisa manga corta, fuera del pantalón; miré a los otros clientes y la gran mayoría con la camisa afuera, pero todos muy bien vestidos.
Al sentirse observado me hizo un gesto y me acerqué. De inmediato me percaté por su inconfundible acento que era de origen Español. Me preguntó por mi origen y respondí ser chileno. Nos tomamos unos tragos, conversamos varios mas y luego saltó mi pregunta.
-Dígame don José, sáqueme de una duda.
-Por qué los colombianos la gran mayoría anda con la camisa fuera del pantalón?
-Primera lección: aquí no se ve nada, no se pregunta nada, sólo se puede mirar.
-Te responderé porque me caíste bien. Echó la mano hacia atrás y debajo de la camisa, sujeta por el cinturón, sacó una pistola la que puso sobre la mesa. Luego la guardó donde estaba.
-Hazme caso, caso contrario, no vivirás mucho.
Agradecido de sus consejos, me despedí de don José, sin preguntar nada mas.

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