
En el año 1975, luego de trabajar un pequeño negocio de Lácteos, lugar donde fuí detenido por primera vez, y tratando de superar los problemas ocacionados por la Dictadura, me dispuse a enfrentar la vida de otra forma, pensando que las cosas serían más fáciles.
¡Qué equivocado estaba!
Pensé, voy a cambiar de giro y seré un gran empresario, lo que logré hacer. Para eso sólo necesitaba confiar en mi mismo, en mi entereza, en mi fortaleza y en mi inteligencia. Para lograr eso debía primero, solicitar la patente y que fuera aprobada por el S.N.S.
Grande fue mi sorpresa cuando mi documentación fue rechazada y nada menos que por la Gobernación. Extrañado me dirigí a la Municipalidad donde me contacté con algunos amigos que aún quedaban (el resto estaba exonerado), les pregunté las causales y respondieron que no tenían acceso a nada mientras no se manifestara la Gobernación. Les agradecí de todos modos ya que no tenían culpa, pero la razón era que figuraba en la lista de ex- prisioneros políticos.
¡Qué tiene que ver una cosa con otra! pensé.
¡Como lo hago! Ahora me quieren matar de hambre.
¡Ya, me dije! Pondré a mi padre como socio mayoritario con el 99% y me quedaré sólo con un 1%,
posteriormente le solicitaré me devuelva el porcentaje mencionado, quedando el con el 1% y yo con el 99%.
Mi padre aceptó sin ningún problema y así lo hicimos.
La resolución salió favorable y comencé mi escalada.
Ya en el año 1978 era poderoso. Teníamos con mi señora: casa, autos nuevos (2), cuatro camiones y otros bienes, como bodegas, y un gran Supermercado.
Le solicité a mi padre hiciéramos el traspaso de mis porcentajes, según lo convenido a lo que accedió sin problemas ya que su aporte sólo había su firma.
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