A la altura de ex SEAM CORFO el cabo de carabineros, metralleta en mano, me obligó a subirme al asiento, detrás del volante, el se sentó atrás y puso el cañón de su artefacto empujándome la" nuca " hacia adelante.
- Ya, me dijo, vámonos a la segunda comisaría.
- Por favor, le dije, así no puedo manejar porque no veo el camino.
Se echó un poco hacia atrás y me dijo que partiéramos.
Fué en ese momento cuando apareció corriendo otro carabinero y le dijo:
-Bájate Cabo, yo llevo al Rucio. El cabo se bajó de malas ganas comprendiendo que el que así le hablaba, era mi amigo.
-Ya Rucio, sígueme, yo me voy en la camioneta amarilla, sígueme.
-Gracias amigo mío, le dije.
Lo seguí tratando de no alejarme mucho, pero al llegar a calle Carrera (ahora Claudio Arrau) esquina Constitución tuve que parar puesto que venía pasando un funeral el que nos separó. Tuve la oportunidad de arrancarme, pero no lo hice.
No quise perjudicar a mi amigo que había confiado en mi. El, estando al otro lado ni siquiera se bajó a mirar lo que yo hacía porque me conocía demasiado.
Pasó el funeral, crucé la calle Constitución y me puse detras de la camioneta que el conducía. Sacó la mano y me indicó que continuáramos; hasta que llegamos a la Comisaría. Me pasó a la guardia, que era su deber, con mucho pesar; noté en su cara lo apesadumbrado que se sentía y cierta angustia que afloraba en sus ojos.
Lo miré en son de despedida con una sonrisa triste y de agradecimiento, pero no nos dijimos nada.
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