Pasando las 20 hrs. aprox. siendo muy jóvenes el punto obligado de reuniones, era el casino, lugar donde nos reuníamos a jugar "cacho", ping pong o "bolos" disponiendo para ello de una excelente cancha. Normalmente jugábamos unos jarros de vino o "ponche" y los que perdían pagaban la cuenta.
Recuerdo como anécdota cierta oportunidad en la que nos encontrábamos en el casino y llovía y llovía intensamente. Nos avisan que teníamos que rescatar a una familia que estaba totalmente inundada. El huaso Cárdenas como cariñosamente lo llamábamos y siendo Maquinista 1º le correspondió por derecho hacerse cargo de la máquina, Carlos y yo lo acompañábamos hasta que llegamos al lugar inundado. Nos bajamos, el agua nos sobrepasaba el cinturón, el viento y el torrente era similar a un rio,nos afirmábamos uno con el otro hasta que llegamos a una pequeña casa arrasada por el agua. Al fin lo habíamos logrado. Una pequeña pieza con dos camas flotando en el agua. Sobre las camas dos mujeres, una joven y una veterana de cerca de 70 años con un peso superior a los 120 kg. pero mi compañero me la ganó con la jóven y se la puso en su espalda, no tuve otra opción que echarme la vieja también en mis espaldas. Carlos llegó como pudo y con mucha dificultad a la máquina, yo sin embargo con tamaño peso, avancé como 5 metros. La señora al ver que sus pies tocaban el agua, trató de acomodarse y me desestabilizó. Nos sumergimos hasta el cuello y ella no dejaba de apretarme "el cogote", lo que me asfixiaba y notaba que la respiración me faltaba. Afortunadamente la vieja,"con mucho cariño", al fin me soltó y logré tomar aire. Comencé a tironearla como un saco (pobre viejita) hasta que logré subirla a empujones a la máquina. Carlos se reía a grito pelado. Creo que debe acordarse y aún se reirá.
sábado, 6 de junio de 2009
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